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Ignacia de la Rosa: La voz del manglar

 

 

Cordobesa de pura cepa, así es Ignacia de la Rosa Pérez, representante legal de la Asociación de Mangleros del municipio de San Antero, Córdoba, y líder del proceso de recuperación natural y económica de los manglares de la bahía de Cispata.

 

A sus 70 años recuerda como si fuera ayer, la primera vez que se adentró en un bosque de manglar. Como su vida se resume entre San Bernardo del Viento, donde nació, Lorica y San Antero, donde creció,  desde pequeña, aún sin conocimiento de lo que le rodeaba, debía pasar por los manglares, las ciénagas y los caños, corriendo para llegar a la cabecera municipal.

 

De su padre aprendió el amor por el manglar, porque sacaba corteza y leña para vender a los barcos que pasaban por el río, cuando era transitable. Quizás desde ahí empezó su conexión con ese bosque y todos los productos del ecosistema.

 

Ignacia es una mujer empoderada, se le nota por la firmeza de sus palabras, firmeza comparada con la de las raíces de mangle, esas que se entrecruzan para proteger las líneas de costa de las acciones humanas y los estragos naturales. Tuvo el reconocimiento como Mujer Cafam en 2002 y es madre de cinco hijos, uno de los cuales la cuida hoy desde el cielo. Afirma que nunca ha tenido miedo de compartir sus opiniones, por eso desde los años 70 aprovechó esa estrecha relación con el manglar y empezó a trabajar en su producción y comercialización, en aquella época donde muy poca gente hablaba de manglares.

 

“Cuando empezaron a llegar las corporaciones, decían que se iba a acabar el manglar” nos cuenta Ignacia, y el Inderena había prohibido el aprovechamiento del bosque, por eso, emprendió su viaje a la cabecera municipal para conversar con las autoridades y exponerles su punto de vista. Entre risas recuerda que pidió un par de zapatos prestados (porque en aquel tiempo no tenía) para poder ir a hablar con el director de la Corporación. Se montó en un camión carrotanque, de los que transportaba combustible. No le fue fácil conversar con él, pero tras muchos ires y venires, lo logró.

 

En la década de los 90 comenzaron los procesos de recuperación y restauración del bosque muerto, “ya empezábamos a tomar en serio el aprovechamiento del manglar”, dice. Con el apoyo de trabajadores sociales fueron perdiendo ese miedo al cambio, aprendiendo sus derechos y evolucionando.

 

En cabeza de la Asociación

 

Ignacia reconoce que la lucha con la Asociación de Mangleros ha sido conjunta. Ha recibido el apoyo y acompañamiento de la gente que recoge productos, de los que aprovechan los servicios del ecosistema, e incluso el apoyo científico y profesional de ingenieros forestales, biólogos e ingenieros ambientales, en un proceso de reconocimiento mutuo del saber científico y el tradicional, de lo que la misma naturaleza le ha dado a las comunidades.

 

“Ha sido y aún es difícil para una mujer entrar en estos procesos, pero cuando uno se ubica en el espacio real, no como mujer sino como persona, los demás van entendiendo tus derechos, y sin necesidad de llevar pancartas ni nada, te reconocen como tal”.

“Ha sido y aún es difícil para una mujer entrar en estos procesos, pero cuando uno se ubica en el espacio real, no como mujer sino como persona, los demás van entendiendo tus derechos, y sin necesidad de llevar pancartas ni nada, te reconocen como tal”. Sin embargo a esa dificultad le suma el hecho de ser afrodescendiente. Ignacia cuenta, que han sido muchas las oportunidades que por ser negros, se han perdido.

 

La Asociación de mangleros está compuesta por siete colectivos de San Antero, uno de Lorica y cinco en San Bernardo, para un total de 800 familias beneficiadas, porque detrás de cada manglero está su familia. Reconoce que la capacitación/actualización a los jóvenes y la generación de empleo son las problemáticas sociales que les aquejan, principalmente porque la gente joven está en busca de oportunidades laborales que no encuentran en sus saberes tradicionales.

 

“Ser mujer manglera es como una mujer periodista o doctora, que tienen una profesión. Cada uno es bueno en lo que hace y sabe hacer”“Ser mujer manglera es como una mujer periodista o doctora, que tienen una profesión. Cada uno es bueno en lo que hace y sabe hacer” comenta, a lo que recalca que cuando la gente no reconoce ese saber, teme expresar su conocimiento cuando se juntan con profesionales más estudiados y con conocimiento científico, y eso, sumado a que había mucho trabajo por emprender, la impulsó a hablar en público por primera vez hace 19 años.

 

Al preguntarle por su mejor legado, suspiró, porque sabe que no solo lo dejará para sus hijos y nietos, sino para el país y el mundo: Haber tenido un proceso como comunidad y que hayan sido reconocidos en la restauración de esos manglares. “Tal vez pensamos que no me interesa el mar porque no vivo en el mar, pero algún producto del mar estoy aprovechando”.

 

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