null Colombia ante el Tratado de Alta Mar: nuevas reglas para proteger la biodiversidad más allá de la jurisdicción nacional


Este 17 de enero entra en vigor el Acuerdo sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Biodiversidad Marina en Áreas Fuera de la Jurisdicción Nacional, conocido como el Tratado de Alta Mar o Acuerdo BBNJ. Se trata del primer acuerdo internacional diseñado específicamente para proteger la biodiversidad en las aguas internacionales, que representan cerca de dos tercios del océano del planeta.

El Tratado de Alta Mar surge como complemento de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, ante la falta de reglas claras para cuidar los ecosistemas marinos más allá de las 200 millas náuticas que delimitan las zonas económicas exclusivas de los países. Durante años, estas áreas quedaron prácticamente sin mecanismos efectivos de conservación, a pesar de su importancia para el clima, la pesca y la vida marina.

Colombia firmó el acuerdo en septiembre de 2023. Aunque aún no lo ha ratificado formalmente, la firma implica el compromiso de no realizar acciones que vayan en contra de los objetivos del tratado mientras se completa ese proceso. Además, los países que ratifiquen el acuerdo antes de la primera Conferencia de las Partes, prevista para finales de 2026, podrán participar con derecho a voto en decisiones clave sobre su implementación.

Para un país con costas en el Caribe y el Pacífico, el Tratado de Alta Mar tiene implicaciones estratégicas. El acuerdo establece nuevas obligaciones para prevenir daños ambientales en la alta mar y exige que actividades que puedan causar impactos significativos —como el tendido de cables submarinos o proyectos de energía en el mar— sean evaluadas y reportadas de manera transparente a la comunidad internacional.

Uno de los objetivos centrales del tratado es contribuir a la meta global de proteger el 30 % del océano para el año 2030. En este marco, Colombia podrá proponer la creación de áreas marinas protegidas en aguas internacionales, una medida clave para cuidar especies migratorias como ballenas, tortugas marinas y atunes, que se desplazan entre aguas nacionales e internacionales.

El acuerdo también busca un reparto más justo de los beneficios derivados del uso de los recursos genéticos marinos, como microorganismos y especies con potencial científico, farmacéutico o industrial. Como país en desarrollo, Colombia podría acceder a beneficios como intercambio de información científica, transferencia de tecnología y fortalecimiento de capacidades para la investigación marina.

La entrada en vigor del Tratado de Alta Mar marca un paso histórico en la protección del océano a escala global. Para Colombia, representa tanto un compromiso ambiental como una oportunidad para fortalecer su participación en las decisiones internacionales sobre el futuro de los mares.